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viernes, 14 de diciembre de 2018

‘Bethel’ en líos por infracciones ambientales en La Tatacoa


Bethel, el exótico complejo hotelero construido en el corazón del desierto La Tatacoa, está generando graves afectaciones ambientales, que pueden poner en riesgo su permanencia en este destino turístico de clase mundial.
La actividad hotelera donde se prestan los servicios de alojamiento, restaurante y piscina, no se enmarca dentro de los usos permitidos en una zona de en la zona de restauración ecológica.
“Por el contrario, genera impactos ambientales negativos que van en contravía de los objetivos de conservación y de los usos permitidos”, aseguró Oscar Daniel Pajoy, ex director territorial Norte de la Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena (CAM).
Además, “el hotel Bethel no cuenta con los permisos ambientales para el desarrollo de sus actividades, como concesión de aguas superficiales y permiso de vertimientos para aguas residuales domésticas”.
Los dueños del complejo turístico son investigados por varias infracciones, entre otras, captación y uso ilegal de agua y alteración directa en la regulación hídrica de la zona ya que capta el precioso líquido desde el nacimiento, interfiriendo su tránsito hacia sus afluentes.
Además, por alterar la calidad del agua de los drenajes naturales y las aguas subterráneas por las descargas de aguas residuales provenientes del complejo.
La construcción, ocasionó la “desaparición por el uso y aprovechamiento indebido del árbol de pela, una especie forestal endémica típica del desierto,  utilizada para las adecuaciones del sitio de recreación y hospedaje. El hotel promovido inicialmente por Comfamiliar, terminó en otras manos.
Las denuncias
Las investigaciones se originaron por varias denuncias que formularon entre otras, Carolina Riaño Amaya y Helena Borrero.
La Procuraduría Regional inició en diciembre de 2012, una acción preventiva por una  supuesta concesión  otorgada a Comfamiliar del Huila para “16 ojos de agua en el desierto para construir piscinas privadas.
Rey Ariel Borbón, entonces director de la CAM, negó que Comfamiliar estuviera tramitando los permisos. En cambio, confirmó que un asesor y contratista de la entidad, estaba impulsando el mismo proyecto. Por estos hechos, la CAM adelanta actualmente dos procesos sancionatorios por presuntas infracciones ambientales.
“En este caso, tenemos unos procesos sancionatorios en curso. Están en un proceso avanzado, en la fase probatoria, se han adoptado medidas preventiva y en su momento emitiremos la decisión final, debidamente fundamentada en derecho, ajustado al debido proceso”, anunció el director de la CAM, Carlos Alberto Cuéllar.
Procesos sancionatorios
En el 2015 se inició un proceso sancionatorio durante la fase de construcción que terminó con la suspensión de la obra.
Otra medida preventiva adoptada mediante Resolución 015 de 2016, la autoridad ambiental le ordenó al arquitecto Frank Corredor Rincón, uno de los propietarios, la suspensión inmediata de las actividades hoteleras.
Asimismo le ordenó la suspensión inmediata de la captación y usos del recurso hídrico, los vertimientos de aguas residuales, el uso y aprovechamiento de la especie forestal y la inadecuada disposición de los residuos sólidos domésticos y hospitalarios.
La medida preventiva, de ejecución inmediata, fue expedida el 5 de enero de 2017, por el entonces director territorial Norte Oscar Daniel Pajoy.
El 19 de enero del mismo se inició el proceso sancionatorio notificado también al alcalde del lugar Yofran Aris Pacheco, encargado de su ejecución.
Sin embargo, las medidas no se han cumplido aunque las medidas  son de carácter preventivo y transitorio, surten efectos inmediatos y se aplican sin perjuicio de las sanciones a que haya lugar.
Los procesos se encuentran en la etapa inicial. “Mediante auto expedido el 8 de agosto de 2018 se ordenó la práctica de pruebas con el fin de tener mayores elementos de juicio y completar los elementos probatorios, respetando el derecho de defensa que le asiste al presunto infractor”, precisó la directora territorial Norte, Magda Liliana Buendía.


Los hallazgos
El proyecto se construyó en la zona de restauración para la preservación, que corresponde, según el plan de manejo ambiental, a sectores que a pesar de haber sido alterados por el hombre o por fenómenos naturales, conservan una importancia ecológica que deben recuperarse.
El hostal, único en su género y uno de los atractivos en ese emblemático destino turístico, presta el servicio de hospedaje máximo para 40 personas, restaurante y piscina. La infraestructura habitacional fue ejecutada en madera con techos elaborados con árbol de pela (una especie de acacia típica del desierto).
Para la construcción se talaron por lo menos 980 arbustos, en un área afectada de dos hectáreas aproximadamente. Los propietarios no presentaron los permisos de aprovechamiento ni movilización del material vegetal.
El agua utilizada proviene de tres nacimientos cercanos al complejo turístico. El líquido es transportado con motombas desde los nacimientos hasta un tanque ubicado en las instalaciones del hostal, sin cumplir con las normas.
“Los nacimientos no cuentan con franjas  o áreas de protección o aislamiento que permitan su recuperación natural con evidencia de intervención antrópica”, reseñaron técnicos de la entidad ambiental.
Las aguas residuales, no cuentan con todos los sistemas de tratamiento que garantice el cumplimiento de los niveles permisibles al medio ambiente. “Al parecer son infiltradas al suelo”, señala el informe
Cerca del lugar se detectó un botadero de basuras a cielo abierto que no cumple con la normatividad ambiental y que generan problemas de contaminación ambiental.
Los residuos generados por los visitantes se almacenan indebidamente en una zona de disposición ubicada unos cien metros del sitio de ingreso al predio, en un área de nueve metros cuadrados construida en madera.
En este sitio se identificaron residuos orgánicos provenientes de la cocina, residuos hospitalarios como condones y papel higiénico, cartón, papel y gran cantidad de plástico como botellas, envolturas de alimentos y bolsas de agua, entre otros.
“Debido a que la disposición se realiza a cielo abierto, en grandes cantidades y por largos periodos de tiempo que permiten la descomposición de la materia orgánica, se evidencia la presencia de lixiviados los cuales discurren libremente al suelo y se infiltran en las zonas aledañas al sitio de almacenamiento”, precisaron técnicos de la entidad durante las visitas de inspección.
Adicionalmente, por el manejo inadecuado  de las basuras y la producción de lixiviados, se registran con frecuencia olores ofensivos. La actividad hotelera, en este y en otros casos, evidencian afectaciones ambientales, así como uso y aprovechamiento de los recursos naturales sin ningún tipo de permisos.
El área donde se erigió el complejo hotelero, sitio ‘Los Hoyos’, no se enmarca entre las actividades de preservación.
Incumplimiento
Según la autoridad ambiental desde el año pasado se han realizado varias visitas de seguimiento. En las tres actas “se consignó y se registró fotográficamente el ‘no cumplimiento’ de las medidas preventivas impuestas por la CAM”.
La primera fue realizada ocho meses después (3 de agosto de 2017) y la segunda el 31 de enero de 2018. En las visitas estuvieron directivos de la CAM,  el procurador Ambiental John Fisher, varios especialistas y el arquitecto Frank Corredor.
Las aguas servidas son conducidas a través de tubería enterrada desconociéndose su destino. Según personal del hotel, las aguas residuales son decargadas a un sistema de tratamiento resitual (star) compuesto por tres tanques sedimentadores que una vez tratadas por efectos de la temperatura se evaporan. Igual ocurre con los residuos orgánicos e inorgánicos provenientes de la cocina (grasas, restos de comida, agua y detergentes). Sin embargo, esa “trampa de grasas”, no es suficiente, está saturada y en mal estado.
Corredor Rincón, quien estuvo presente en el última visita, insistió en que tenía los permisos pero nunca los remitió a la autoridad ambiental como se comprometió.
En el 2010 solicitó los permisos para aguas superficiales. La concesión le fue autorizada en el 2011 (Resolución 0270) . Sin embargo nunca canceló los costos de su publicación.
En el 2012, un año después la autoridad ambiental comprobó que nunca adelantó el proyecto recreativo ni realizó ningún aprovechamiento hídrico. El 13 de agosto de ese año la entidad canceló el permiso argumentando que nunca estuvo en firme.
Por tratarse de infracciones ambientales, la CAM inició los procesos sancionatorios. No obstante, las administraciones municipales han permitido la alta informalidad que se registra no solo con Bethel sino en todo ese paradisiaco destino turístico.
Orígenes del proyecto
El 25 de enero de 2013 el entonces director de Comfamiliar Armando Ariza Quintero anunció la ejecución de dos grandes proyectos: la construcción del hotel en el desierto La Tatacoa y un parque de recreación en Pitalito con una inversión estimada de  20.000 millones de pesos.
Sin embargo, el proyecto fue ejecutado finalmente por una sociedad particular “Tatacoa Desert SAS”, representada por Frank Corredor, quien asesoró a Comfamiliar en varios proyectos.
De hecho, desde 2010 la sociedad inició los trámites para la obtención de los permisos que nunca obtuvo. Aun así inició la construcción del proyecto, lo que originó un proceso sancionatorio que concluyó con el cierre.
El mismo Corredor se quejó por la proliferación de construcciones inadecuadas que deterioran el destino turístico, aceptó el incumplimiento y señaló que ninguno de los proyectos en el desierto tiene las licencias de construcción. “Veo con mucha sorpresa y asombro que sea la única persona al que le están solicitando todos estos documentos”, respondió.

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